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Madurez de líder

Imagen: lfp.es

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lgún que otro kilo perdí viendo al Leganés en Tarragona. ¡Qué manera de sufrir!, que diría Sabina hablando de su Atleti. El equipo de Garitano demostró lejos de Butarque por qué es líder. El míster supo recomponer al equipo en las adversidades y los jugadores supieron aguantar y hacer daño quizá a partes iguales, ante un rival directo -y un árbitro- que no pudo romper lo más difícil: la confianza pepinera. Saber sufrir, que lo llaman últimamente.

El Lega se plantaba en el sur de Cataluña sin Mantovani ni Rubén Peña. Sabido es por todos que las bajas en este equipo pocas veces causan estragos. El partido estaba cargado de tensión y morbo entre dos equipos que pelean por lo mismo. Mucho más cuando el colegiado expulsó a Insua. El gallego se complicó en un despeje fácil y quiso resolverlo haciendo el menor daño posible, con un agarrón constante a Naranjo. Para mí, penalti y amarilla. El destino, o lo que sea, ya se encargó de arreglarlo dándole a Emaná más fuerza de la necesaria. Su balón a las nubes volvió a cargar de moral a los de verde, que desde entonces se vieron sumidos en un estado de fe inquebrantable. Parecía el Nàstic quien jugaba con diez. Hasta parecía atrevido, por momentos, descartar la victoria. Pero el pitido final, por supuesto, lo esperábamos como agua de mayo.

Dos puntos de seis posibles pocas veces supieron tan bien a falta de cuatro jornadas para un equipo que se está jugando un ascenso. El empate contra el Numancia supo más dulce que agrio, y sumar contra el Nàstic permitió mantener el liderato y la distancia con los tarraconenses. A cuatro puntos la vida se ve más bonita.  Yo no sé, pero cada vez queda menos, y ahí seguimos. Como diría Joaquín… ¡Qué manera de soñar!

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