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No queramos tapar el sol con un dedo

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acía tiempo que no me invadía esa sensación de hastío y desazón a la salida de Butarque. Quizás me debería remontar a finales de mayo del pasado curso, cuando un Leganés que acariciaba el sueño del ascenso caía derrotado frente al Huesca complicándose mucho su travesía hacia tan ambicioso objetivo. Tras la derrota ante el Celta, tuve un sentimiento muy similar y simplemente me bastó con realizar una rápida radiografía del semblante de los aficionados que iban desfilando hacia los vomitorios, para lograr confirmar algo. Las caras de ilusión se habían esfumado en tan solo cinco meses de competición.

El paciente empieza a tener achaques con pronóstico reservado. Actualmente es muy complicado predecir la evolución de un equipo que lleva ocho encuentros sin conocer la victoria, únicamente quince goles a favor y que ha sido atizado en exceso por las lesiones, dejando descompensado a un grupo que ya de por si comenzó con ciertas carencias para las exigencias que requiere una competición como LaLiga. Son ya demasiadas jornadas mirando los resultados de los tres inmediatos perseguidores, pero agarrarse a esos resultados y al hecho de no haber pisado los puestos de descenso –reconozco que yo también me aferré en alguna ocasión- comienza a parecerme cuanto menos una apuesta arriesgada.

Podemos adornarlo como queramos, pero la realidad es que se necesitan urgentemente piezas que ayuden a Asier y sus chicos a conseguir la meta. El Lega es un equipo de la máxima categoría como el resto de conjuntos pero necesita un plus de calidad. Es sólo eso porque los valores del club sí se llevan, por norma general, a la máxima expresión. De eso no hay duda. Créanme, yo estoy disfrutando, mucho además, pero las victorias son tan necesarias como las anheladas incorporaciones.

Siéntanse SIEMPRE orgullosos y agradecidos de este equipo. Pero, por favor, no permitan que se quiera tapar el sol con un dedo. Únicamente les servirá para encontrarse más tarde con la verdad. No olviden que el astro solar es muy rápido en sus movimientos y puede aparecer cuando menos se le espera. Como la realidad, siempre acaba apareciendo. Llamemos a las cosas por su nombre antes de que sea tarde.

1 Respuesta a los comentarios

  1. Avatar
    Enero 30, 2017

    Lo reconozco. Soy de los que se han subido al carro con el ascenso. Y reconozco también que de fútbol sé lo justito. Vaya todo ésto por delante.

    Pienso que los jugadores salen todos los partidos hipermotivados y nerviosos. Hace falta un poco de calma. No son superestrellas pero tampoco es que no sepan darle una patada a un bote. Algo tiene que pasarles. No es normal que no trencen una jugada con sentido, que no controlen ningún balón si no es con cuatro toques y que les cueste encontrar a un compañero a quien darle el balón. Vamos… cosas de “primero de fútbol”.

    ¿Tanta presión tienen encima?

    Veo jugadores, como Gabriel, que están en rabieta continua y con los nervios a flor de piel. No sé. Un poquito de calma para ellos y que los aficionados metamos menos presión (aunque creo que desde la grada no se está presionando).

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