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De puerta grande a cornada

Lo cierto es que lo que voy a contar me prometí no contarlo pero estar en Primera tiene estas cosas, que te acabas descubriendo. Reconozco que llevo una temporada sin querer ver los últimos minutos del equipo. Ni en casa ni fuera, es una especie de sudor frío que hace que me detenga vaya a ser que un minuto de más frente al televisor de mala suerte. Lo del domingo, bien es cierto, fue una premonición más que un escalofrío.

Estaba en el medio día del domingo cuando los goles de Zaza me alegraban el aperitivo dominical. Media sonrisa se me dibujaba mirando de reojo el Nuevo Los Cármenes y presagiando una tarde de ‘puerta grande’ en El Sadar. El Lega jugaba por detrás de una derrota del Granada, uno de sus compañeros en la lucha del descenso, y, tal y como está LaLiga, cualquier momento es bueno para agarrarse a aquello del clavo ardiendo.

Le ocurrió esta jornada al Lega lo mismo que en otras anteriores al Málaga con Osasuna o con Sporting, o vicerversa. A estas alturas de temporada siguen pensando que los puntos dependen de su estado de ánimo sin contar con el del que viene por detrás. El varapalo del domingo en Pamplona recuerda que la cola de la tabla no es solo cosa de dos y ni mucho menos está todo dicho.

El domingo ocurrió. El gol de Siovas, del gran Siovas, hizo que me relajara y viera el partido con la seguridad de que los tres puntos iban para la saca. La paupérrima actuación de los navarros en casa esta temporada también, como a todos -somos el primer equipo al que ganan-. Al Lega le pasó lo mismo. Árbitro mediante, por supuesto, los pepineros hicieron lo que nunca hay que hacer: relajarse. Un Sergio León inspirado, un palo, alguna que otra ayudita y algo más de nervio en vena dieron alas a los rojillos y esfumó para los blanquiazules otra oportunidad de sacar el pecho por encima del agua.

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