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El día que perdimos con un mate sobre la bocina en la mejor liga del mundo

L

as conclusiones que se pueden sacar del partido de ayer son muchas. Que el Lega supo competir pese a las importantísimas bajas, que Bueno volvió a lo grande para asistir en el empate, o que esta semana los anti-Guerrero nos dejarán más tranquilos. Pero hay una que es evidente, no por nueva, sino por constante. El fútbol es tramposo, y los colegiados necesitan ayuda. Pero, aún sin ella, resulta incomprensible esta sangría de aptitud que jornada tras jornada perjudica a equipos y deja en ridículo a los árbitros. Y en peligro, a sabiendas de la cantidad de burros que hay en las gradas, en las redes sociales y en los partidos de chavalines todos los domingos. Ayudarlos también es protegerlos. A ellos, y a una competición que para ser la mejor del mundo no le basta con llevar ‘El Clásico’ a un bar de Nueva York.

Estuvo mal Jaime Latre por no ver la falta previa, peor su linier por no ver la mano, e impúdico Bakambu, que abusó de su hazaña como quien se cree invisible incluso para las cámaras y no tuviera por qué sentir un poquito de vergüenza por una acción tan indigna hacia compañeros de profesión. Totalmente legal, eso sí, en la NBA. Imagino que con el tiempo se arrepentirá, pero no le culpo. En el fútbol el engaño es una virtud -incorregible sin sanciones ejemplares- que no sólo da puntos, también mundiales. O si no que se lo pregunten a Maradona.

El error fue tan flagrante que no hizo falta comentarlo más de lo que demuestra la foto que corrió como la pólvora en cuentas de numerosos periodistas en Twitter, denunciando el gol. “Sería fácil hablar ahora, pero no lo voy hacer. Sólo espero que esto no nos condicione o que la gente crea que van en contra nuestra. Eso no nos va a ayudar”. Asier, como siempre, no quiso hablar con el vaso colmado. Unas formas y un discurso que aplaudo porque hacer ruido delante de un micrófono, se ha hecho muchas veces, nunca ha cambiado nada. Tampoco cambió mi estado de ánimo con el empate del Sporting. Obviamente pudo ser peor, pero el +4 me dejó indiferente. Una distancia que, ni bien, ni mal. Dependemos de nosotros, y es por eso que tengo unas ganas tremendas de que llegue el partido contra Las Palmas. Un parpadeo y es miércoles. Ahora más que nunca, ¡VAMOS LEGA!

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