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Rectificar es de sabios

H

e de reconocer que lo del pasado viernes me pilló por sorpresa. No me creía lo que estaba leyendo a través de un correo electrónico. No podía ser que un club como el C.D. Leganés, máximo exponente del fútbol nacional en trato con sus aficionados, me expulsara de mi asiento, ese mismo que yo elegí para estar con mis amigos en la grada de Butarque y por el cual siento una predilección especial. Está situado en tribuna alta, justo a la altura del área grande y desde él he podido disfrutar de auténticos golazos como el de Velasco al Betis o el de Gabriel ante el Barcelona pasando por el de Rubén Peña contra el Alavés que nos ponía momentáneamente líderes en Segunda.

A los abonados damnificados nos desplazaban hacia el muro, hacia a esa zona donde para muchos el tejado, ni tapa, ni protege, ni nada, empeorando nuestra visibilidad y perdiendo una posición centrada, labrada con la fidelidad de los años, que se veía arrebatada sin ningún tipo de tacto solo con la promesa de congelar su precio de renovación. Se formaban 168 nuevos puestos anexos al palco destinado a un nuevo y exigente público, uno que según nos cuenta el club no ha quedado muy contento con el rechazo o asiento que desde el Leganés se les daba debido a las limitaciones de aforo que ha presentado Butarque este año e incluso señalan a representantes o jugadores que han tomado estos incidentes como negativos a la hora de firmar por el Leganés, cosa que no hace si no aumentar el mérito de la salvación del equipo.

Pero hoy martes el Leganés ha reculado. Gracias a un don que no todos poseen, el de escuchar, ha echado atrás la propuesta inicial, dejando para el curso la tarea de recolocar todas esas peticiones que le pudieran llegar, sin producir un problema innecesario a sus abonados. Rápidamente todo el mundo del fútbol ha felicitado al club por su decisión, por pensar en su masa social, en esa misma que nunca le ha abandonado y con la que existe un vínculo especial que ha hecho que juntos hayan conseguido los mayores hitos del conjunto pepinero en su historia. Ha imperado la razón lógica, esa que expresó el poeta británico Alexander Pope: “errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios“. Una sabia decisión ha sido lo que ha evitado un agravante mayor que pudiera haber iniciado el principio del fin para los del sur de Madrid en este breve periplo en la Liga de las Estrellas.

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