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Renovación con el cielo

 

E

l Lega tiene a tiro su renovación con el cielo. El contrato está en la mesa y la pluma apoyada sobre el papel. Ahora hace falta rubricar una temporada más en la considerada mejor Liga del mundo. Allí debería estar el Lega por su tesón, por no perder la perspectiva de dónde viene, por el ingenio de sus carteles, por los fichajes de invierno y por el hambre infinito de su entrenador: el líder silencioso de un club al que solo un punto le separa de volver a pisar el Santiago Bernabéu y de poder estrenar el Wanda Metropolitano.

A falta de despilfarrar el confeti, Asier Garitano ha logrado que hasta la fecha -36 partidos- el recién ascendido Leganés no haya pisado una sola jornada los puestos de descenso. Y lo ha hecho con ilusión, inexperiencia y sobre todo, con dosis ingentes de mérito. El Lega se ha adaptado a cualquier situación derivada de su precariedad para competir con los mejores. Fue a la guerra con pistola de agua, se enfrentó a las artillerías más pesadas, pero siempre salió indemne por su coraje y por su capacidad de reacción en enero. Herrerín, Siovas o El Zhar son muestra de lo mucho que le hacía falta al Lega acudir al mercado de invierno.

Ahí compensó una plantilla que -sin embargo- encontró antes los puntos que las sensaciones. El excelente tramo inicial -10 de los primeros 21 puntos posibles- ayudó en la tabla y respaldó a una ciudad que ha vivido fortalecida bajo el manto de la ilusión. Esa que se perderá el próximo septiembre seguramente, pero que ha sido vital cada domingo para cuestionar al Atleti, para empatar en el infranqueable Ramón Sánchez-Pizjuán, para meterle al Camp Nou el miedo en el cuerpo, en resumidas cuentas, para seguir creyendo que solo el deporte permite que el pobre pueda ganar al rico.

Todo cambió cuando la dirección deportiva abrigó al equipo con hasta siete incorporaciones, el Lega fue el que más fichó de los 20 clubes de Primera. La plaga de lesiones no dejó otra escapatoria a un Leganés que dobló su apuesta inicial, la misma que hizo Asier por sus jugadores de más confianza. No salió del once Gabriel, más que cuestionado por la grada, respaldó a fuego el trabajo de Guerrero e hizo de poli malo cuando alguno se preguntaba delante del espejo quién era el más guapo del mundo. Ahí es único el técnico de Bergara, el mejor medicamento para poner los pies en el suelo y “dejarse de tonterías”. Con su paciencia, con su estilo, a veces jugando mejor y otras peor, el Lega se ha ganado a pulso repetir otra presencia en el cielo.

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