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Cuesta encontrar consuelo

C

uesta mucho olvidar lo que pasó el viernes.

Cuesta, como pepinero, dejar que retumben los gritos de los jugadores del Getafe en los pasillos de Butarque, pero lo que más cuesta es mirar el resultado del partido. No lo reproduzco para que entiendan mi cicatriz. La llevaré durante algún tiempo. Al final, ganó el que estaba más necesitado y el que menos lo buscó pese a su notable acierto. Dos latigazos imparables mandaron a la lona a un Leganés que frustró todas sus ilusiones en un penalti que bien paró el valenciano Guaita a cuarto de hora del final.

Se encargó Garitano de reforzar el mérito del portero y de no mencionar a un Guerrero que no pudo ponerse la capa de héroe. Todo lo contrario. El de Bergara, ese mismo al que la grada ha empezado incluso a rendir pasión con bufandas con su nombre, se empeñó en no señalar ante los medios a un jugador que se desvive por esta camiseta y que se señala el corazón cuando marca. Lo hace pocas veces, sí, pero tantas como al míster le resultan suficientes para seguir siendo de la partida. No lo cambió en esos últimos minutos para constatar un abrazo desde la distancia. ¡Qué listo es Asier y cuánta psicología!

Dolor al margen, rabo entre las piernas incluido (así es esto del fútbol moderno donde solo vale el resultado con tal de restregárselo a tu vecino a la mañana siguiente), el Lega no estuvo bien en la primera parte, pero sí en la segunda. Le faltó algo de chispa, es verdad, pero tuvo la sartén por el mango durante muchas fases. Tres puntos sin más para el que no lo entienda –una oportunidad perdida para el que llora por el escudo del laurel-. Cuesta encontrar consuelo, pero no cuesta tanto mirar la clasificación y no pellizcarse. A Ipurua.

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