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Madurez y respeto en la derrota

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asado el lance de conocer una noticia negativa, de darse de bruces con la realidad de que uno no siempre consigue lo que quiere, asumir la realidad lo más rápidamente posible dicen que es un signo de madurez. Y uno puede llegar a ello en función de la magnitud de la adversidad y de lo preparado que esté para afrontar el nuevo objetivo planteado. De hecho, lo uno va ligado a lo otro. Futbolísticamente hablando, siempre he dicho que como club y afición se debía dar un paso de madurez. Las dos derrotas consecutivas ante dos equipos del calibre del Sevilla y Valencia no han sido para la afición un trauma como para derribar el orgullo por un equipo aun avistándose ya la sombra de Messi por Butarque. En la victoria y en la derrota, forza Lega. No hubo reproches en Sevilla, como no los hubo en Valencia.

Permanecer en pie y mantener la dignidad ante las derrotas sin esquivar la parte de responsabilidad en las mismas es clave en el progreso hacia la madurez. De las derrotas se suele huir, casi siempre se proclama la inocencia y suele ser el gran festín para los miserables. Los buitres se multiplican al olor del cadáver, importa la carnaza. Pero ahí está aprendiendo mucho una afición que sigue dejando buena imagen por esos campos de España defendiendo sus colores y en gran parte por la actitud de una plantilla que asume con máximo respeto y normalidad las situaciones que se van presentando. Ahí perdónenme que vuelva a señalar por enésima vez el arte del director de orquesta, Asier Garitano.

Si usted que me está leyendo, es de los que se resiste a seguir disfrutando con su CD Leganés ante la mínima caída, le diría que se dejara llevar por la ilusión de poder estar viviendo algo que jamás imaginó, que algunos lo estamos pasando en grande estas últimas semanas y estos últimos años y sinceramente nada nos gustaría más que verle sonreír con nosotros. Así que sea cual sea su situación, mantenga su frente en alto. Hemos de estar muy orgullosos de una afición y un club que luchan cada partido por dejar huella. Hemos venido para quedarnos.

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